¿Qué alternativas quedan tras el retroceso de las SAS?
Las Sociedades por Acciones Simplificadas (SAS) fueron, desde su creación en 2017, una de las herramientas más utilizadas por emprendedores para formalizar proyectos de manera rápida, económica y digital. En pocos años, más de 30.000 empresas se constituyeron bajo este formato, impulsando nuevos emprendimientos y generando miles de puestos de trabajo registrados.
Sin embargo, el progresivo endurecimiento del criterio regulatorio —especialmente a partir de los cambios introducidos en el ámbito de la Inspección General de Justicia— fue vaciando de contenido práctico a esta figura. Lo que originalmente nació como un instrumento de simplificación terminó convirtiéndose, en muchos casos, en una estructura incierta y poco previsible.
1) Por qué las SAS resultaron tan atractivas
El éxito inicial de las SAS no fue casual. Frente a las estructuras societarias tradicionales, ofrecían ventajas claras para proyectos en etapa temprana:
- Constitución en plazos extremadamente breves (incluso en 24 horas).
- Trámite de inscripción 100% digital mediante plataformas oficiales.
- Obtención inmediata de CUIT.
- Libros y documentación en formato digital, sin rúbrica tradicional.
- Menores exigencias formales para acreditar la integración del capital.
- Funcionamiento flexible, pensado para emprendimientos dinámicos.
En la práctica, esto permitió que muchos proyectos “vieran la luz” rápidamente, sin quedar atrapados en trámites largos o costos iniciales elevados.
2) El cambio de escenario: de la simplificación a la restricción
A partir de 2020, comenzaron a profundizarse los cuestionamientos a las SAS, principalmente bajo el argumento de la falta de seguridad jurídica y el uso indebido de la figura. A ello se sumaron investigaciones, mayores exigencias formales y demoras en inscripciones y presentaciones periódicas.
El resultado fue un escenario de incertidumbre regulatoria: la SAS dejó de ser una opción previsible para nuevos emprendimientos y pasó a ser, en muchos casos, una figura desaconsejada para iniciar actividades.
Frente a este contexto, la pregunta lógica es: ¿qué alternativas quedan hoy para estructurar un emprendimiento?
3) El regreso a las estructuras tradicionales
Antes de la aparición de la SAS, las figuras más utilizadas eran la Sociedad Anónima (SA) y la Sociedad de Responsabilidad Limitada (SRL). Lejos de estar “superadas”, ambas siguen siendo hoy las alternativas más sólidas y previsibles.
Sociedad Anónima (SA)
La SA continúa siendo una estructura especialmente adecuada para proyectos de mayor escala o con proyección de crecimiento:
- No existe límite máximo de accionistas.
- Permite la incorporación de inversores con mayor facilidad.
- El capital mínimo es exigente, pero claro y previsible.
- Requiere mayor formalidad: balances, libros rubricados y garantías para administradores.
- Ofrece una estructura robusta de gobierno societario.
Para emprendimientos que buscan escalar, recibir inversión o profesionalizar su gestión, la SA sigue siendo un vehículo eficiente, aunque con mayores costos y tiempos que los que ofrecía la SAS.
Sociedad de Responsabilidad Limitada (SRL)
Para proyectos más pequeños o medianos, la SRL continúa siendo una opción muy utilizada:
- No exige capital mínimo.
- La responsabilidad de los socios se limita al capital aportado.
- Presenta una estructura más simple que la SA.
- Es adecuada para emprendimientos con pocos socios y control cerrado.
A cambio de esa simplicidad, la SRL tiene ciertas rigideces: la transferencia de cuotas debe inscribirse y los cambios societarios requieren mayor consenso entre los socios.
4) ¿SAS todavía? El escenario en Provincia de Buenos Aires
A diferencia de lo ocurrido en otros ámbitos, en la Provincia de Buenos Aires la SAS no se encuentra completamente clausurada como alternativa. En términos formales, aún es posible constituir sociedades bajo este tipo.
Sin embargo, esto no significa que sea una solución universal. La SAS presenta limitaciones que pueden resultar problemáticas en emprendimientos con proyección de crecimiento, complejidad operativa o necesidad de estructuras de gobierno más sofisticadas.
En otras palabras: que sea posible no significa que siempre sea conveniente.
5) No hay una estructura “ideal” en abstracto
La experiencia demuestra que no existe una forma societaria perfecta para todos los casos. La elección debe realizarse considerando:
- La escala actual del emprendimiento.
- Su proyección de crecimiento.
- La necesidad (o no) de incorporar inversores.
- El nivel de formalidad y gobernanza requerido.
- Los costos y tiempos razonables para cada etapa.
En muchos casos, una estructura adecuada al inicio puede requerir ajustes o reformas a medida que el proyecto crece. Lo importante es que la forma elegida no se convierta en un obstáculo para el desarrollo futuro.
Cierre
El repliegue de las SAS obligó a muchos emprendedores a replantear sus decisiones societarias. Hoy, más que nunca, la clave está en elegir una estructura que combine previsibilidad jurídica, costos razonables y coherencia con la proyección del negocio.
Si estás evaluando cómo estructurar tu emprendimiento, migrar una sociedad existente o redefinir tu esquema societario, podés solicitarnos un presupuesto. Asesoramos proyectos en la Provincia de Buenos Aires.

